viernes, 18 de febrero de 2011

Abandonos (parte 2)


Día seis
  Te llamé. Dijiste “hola” y corté (no supe contestar). Ahora se me ocurren varias frases, todas elaboradas en mi cama.
  - Hola ¿cómo estás?
  - ¡Hablá infeliz! Argumentá bien todo sino voy a creer que me seguís amando. Dale, sin frases hirientes y de frente. Es necesario.
  - Estoy comenzando a creerme eso de la lástima, que nunca me amaste, no encuentro otra razón. Te burlaste mal de mí.
  - Cuidá tu camioneta, puedo destrozarla. Cambiá de celular, voy a torturarte, contarle a tus amigos las cosas más horribles que hacés, convencer a tu vieja de la mierda que crió. Y sabelo: mi vida sin vos no tiene sentido. Que pese en tu conciencia. Farsante.
  - Por favor, no me dejes. Puedo cambiar. Romper lo que soy. Resolver algunos temas con el orden. Al gimnasio voy a ir, ya te lo dije. Mi vieja no tiene idea de todo esto ¿ves que no siempre recurro a ella? Podríamos mudarnos a una casa con fondo y perro. Mirar partidos de tenis.
  - Quedate. Aunque no me ames. ¿Qué tiene él que no tenga yo? Quiero tu infelicidad. Tu aburrimiento. Tu rencor. Te lo suplico, no me dejes.
  - Me amás, pero no podés manejarlo. Esto es mucho para vos. Dejame ayudarte. Acostate acá. Viajemos juntos a nuestro primer encuentro. ¡Qué lindos somos! Mirá, se desarman las paredes de mi cuarto ante nuestro primer beso. ¿Te acordás? ¡Qué noche! Mi casa, las cucarachas, esa mañana con mates y vigilantes. La despedida y los reencuentros, la necesidad de vivir juntos, comprar los muebles nuevos, los cuadros, pintar las paredes, mis llantos en “Mirasoles”, tus caricias.
  - ¿Se acabó? ¿Qué hago con las fotos, la pena, el ventilador del dormitorio? El amor no se termina, al menos no para mí.
  - Deberías haberme avisado, tenerme preparado. ¡Dejarme a esta edad! ¿Qué me queda? Alguien mayor.
  - ¿Cuándo se te ocurrió dejar de quererme? Ya sé, nunca me amaste. Ya sé, te desilusioné. ¿Es mejor estar con él? No contestes, por favor. Imagino una plaza: camino (solo y viejo), vos cruzás con el otro (se ríen, son felices, tienen un ovejero alemán). Me desplomo. Falta el aire. Siento una tristeza que va desde el estómago a la garganta. O al revés. Estoy confundido. Eso es obvio.
  Día siete
  No sé si tendrás en tu vida quién te de cariño como lo hice yo / No sé si querrán abrazarte después de amarte como lo hice yo /… Más nunca tendrás quien te quiera, te lo juro por ésta, como lo hice yo (bis) / (Sandro)
  Soñé que te encontraba y me salían las palabras justas y precisas. Vos escuchabas, entendías. Me besabas. Acabo de bautizarte “Fantasma M”, siempre presente, hasta en los sueños. ¿Cómo habrás despertado esta mañana? ¿Prendiste la ducha y volviste a la cama? ¿Ya te diste cuenta de que estoy borracho? Sandro, vodka, bis, Sandro, vodka. Sandro tiene razón, nadie va a amarte más que yo, el que te escribe como un idiota. Surge otro estribillo: Soy el que quererte quiere como nadie, soy. Voy a poner mi disco de Tori Amos y a revolcarme en el piso. Más bajo no puedo caer.
  Día ocho
  Y morirme contigo si te matas / Y matarme contigo si te mueres / Porque el amor cuando no muere mata / Porque amores que matan nunca mueren / (Sabina)
  Me gustó verte ayer. Me gustó lo que hicimos en el living, después en el pasillo y que terminamos en el cuarto. Me gustó volver a sentir tu olor. El calor de tu cuerpo con el mío. Nuestras manos entrelazadas. Perdón por lo que te dije al final. Pero me di cuenta de este dualismo amor-odio que siento por vos. Algo de esperanza me surgió de ese encuentro. ¿Lo pensaste bien? ¿Sabrás lo que significa no estar conmigo? El tiempo dirá. Hoy estoy contento aunque tu cuerpo falte a la hora de dormir. Este amor me mata, por ende, no va a morir. Estoy seguro.
  Día nueve
  Hubiera jurado que ayer llamabas con todo tu arrepentimiento por haberme dejado. Borrón y cuenta nueva, pidiendo las llaves de nuestra casa. La cosa es más seria de lo que parece. ¿Tendré que arrodillarme? Voy a escribirte diariamente suplicando tu regreso. Y cuando por fin te decidas, quemar este cuaderno (jamás seré tan sincero con vos). Hasta mañana entonces. Me despido con una de Shakira: Es una tortura perderte. O de Fito: Fue amor. O de Dexler (la mejor): Lo que tenga que ser que sea / Y lo que no por algo será / No creo en la eternidad de las peleas / ni en las recetas de la felicidad.

  Pasaron no sé, muchos años creo. Desde aquel día no volví a escribir. No quemé el cuaderno. Lo encontré mientras me cambiaba de dormitorio, a uno nuevo y más cómodo. Lo leí con una mezcla de melancolía y alivio. Melancolía porque fue un tiempo que pasó. Alivio porque no volviste. Ya no te odio, ya no te amo. Simplemente sos un recuerdo. Después te dedicaste un tiempo a torturarme, a aparecerte en todos los lugares posibles con él. Hasta en mi casa. Hablaste mal de mí a quién quiso escucharte. Yo traté de no hacerlo, pero a veces me rebalsaba la bronca de escuchar las barbaridades que inventabas.
  Ahora sí me deshice del cuaderno. Voló a un tacho de basura y no me arrepentí. Ya no me apego al pasado.   Mientras, no sé si es una ironía o qué, comenzaba una de Lhassa: No necesito amar no necesito / Yo comprendo que amar es una pena / Y que una pena de amor es infinito / No necesito amar tengo vergüenza / De volver a querer lo que he querido / Toda repetición es una ofensa / Y toda su expresión es un olvido.

Abandonos (parte 1)


Y tanto amar y tanto dar / Y tanto amarte y tanto darte para nada… / (Haydee Milanés)
  
 Diario de cuando me dejaron, allá lejos y hace tiempo, por otro.
  Día uno
  No soy adicto a vos: me acostumbré a tenerte. No quiero saber de culpas o errores, sólo quiero respirar. Escupo llanto, vacío, desconcierto. ¿Qué dijiste antes de salir? Ah… que habías estado conmigo por lástima y el ya clásico, “es lo mejor para los dos”. Esto no es vida ni sobrevivir. Nada queda. Idiota de mí espero que llames, que te arrepientas o mueras. Mi cuerpo no aguanta tanto.
  Día dos
  Todo está inundado / y va a seguir lloviendo /  Es hora de cambiar de parecer / Tomar las riendas / de mi propia vida / y en medio de la noche / delante de tuyo / hacerme valer / (Vicentico)
  Creí que las canciones no hablaban de mí. Lloro con Vicentico o temas en francés que no logro entender demasiado. Le pego trompadas a las paredes y no puedo tomar las riendas: quiero contarte que algo cambió, que soy otro (ahora lloro). Pero no. Tengo que esperar que aclares tus cosas y, al darte cuenta de que a quién amás realmente es a mí, me llames. Acá no sonó. Acá, en lo que era nuestra casa, con cuentas a tu nombre.
  Imagino mi vida sin vos. Otra mañana como ésta.
  Despertar y sentirme infeliz hasta que un día sólo seas un recuerdo. Confieso que olvidarte me asusta más que extrañarte. Busco fotos viejas, pruebas de que existí, amé y sonreí antes de conocerte.
  Desempolvando un álbum de 1999, el destino o la radio me golpean con Miranda: Cuanto tiempo hemos sido uno los dos / me preguntan a mí contestás vos / Y es que tú / no eres tú sin mí, no / No eres nada ni yo / existía sin tu compañía / Corazón dame algo de razón / hemos perdido personalidad en esta relación /
  Quiero ser como antes y volver a conquistarte. Por favor, te suplico, no me dejes. Dale, llamá.
  Día tres
  No quiero estar sin ti / Si tú no estás aquí me sobra el aire / No quiero estar así / Si tú no estás la gente se hace nadie / Si tú no estás aquí… no sé / qué diablos hago amándote / Si tú no estás aquí sabrás / que Dios no va a entender por qué te vas / (Rossana)
  Me clavo un puñal. Una, dos, mil veces. Lloro hasta ahogarme. La cara hinchada, mocos, bóxer usado como pañuelo y la remera que te olvidaste. El teléfono en la mano. ¿Vos o mi amigo? Mi amigo. Llamo. Viene a casa. Encorvado abro la puerta, escupo cuando hablo, me acuesto, cae ceniza sobre el cubrecamas. Despliego esta desgracia. Mi amigo limpia, trae un cenicero, carilinas, café. Habla mal de vos, dice que no eras para mí, que tenés doble discurso, hipócrita, hasta menciona algo de lo mal que te vestís. Ahora describe los atractivos de la noche, el suspenso que se vive cuando todo puede pasar, el abanico de posibilidades que se abren a partir de este momento. STOP. ¡Estoy SOLO! ¿Qué significa estar solo? Una película de Bridget Jones, la mina cantando borracha en Año Nuevo: All by myself, don’t wanna live, all by myself, anymore. Nuevamente el llanto y esa fantasía de tomar una pastilla que me permita dormir la semana entera. No quiero estar despierto en este mundo sin amor.
  Día cuatro
  ¿Qué otra cosa puedo hacer? / Sin olvido, moriré / Y otro crimen quedará / otro crimen quedará / sin resolver / (Cerati)
  Inventar una enfermedad. Mortal. Como en las novelas. Después el tiempo dirá. O el suicidio. Hablar de locura, incontinencia. Generar tanta culpa que te haga decidir volver. O los celos. Vestirme con lo mejor que tengo. Contar experiencias sexuales. Contratar brazos que me abracen cuando vengas a terminar de llevarte tus cosas. Estoy delirando ¿qué voy a hacer?
  Día cinco
  Me arde, me arde, es tarde para curarme / Me arde, me quema, dejé la sangre en la arena / Me arde, me está quemando, y estoy disimulando / Como el fuego sobre la superficie del mar / como el viento caliente en el desierto / me quema, me quema, saber que no vas a volver (Andrés Calamaro)
  Acabo de salir de terapia (nadie sabe que en esa época no me quedó más remedio que un “locólogo”). La regla indica que, en su mayoría, las segundas partes no funcionan. ¿Podemos volver a estar juntos? Mi psico me dijo algo interesante: ¿dónde está el chico que se toma las cosas con los huevos? ¿Dijo huevos o humor? Las dos valen. Voy a llamarte.

Palabras y balbuceos.


















De mi boca se escapan las palabras que aún no he dicho,
solas rebalsan, viajeras de un tiempo sin tiempos,
sin eje ni puntos cardinales; sin oídos que las abriguen,
sin ecos que las repitan y sin bocas que las pronuncien.

He albergado en mi alma momentos que no he vivido,
pasos que no han acompañado otros pasos,
soledades que nadie ha sabido acompañar;
y  mi llanto ahogado entre los dedos del dolor.

He aprendido a estar solo con mis miedos y flaquezas
sin saber bien cómo manejarlos, o si me manejan.
He aprendido que no hay dolor más fuerte que este,
ni tristeza más grande y honda que la de ahora.

Dolor de saber que tengo tanto para dar
                                        (y no hay manos que lo reciban).
Tristeza de saber que quiero compartir mi vida
                                       (y sentir que ésta no vale nada).

Siento la sangre corriendo por mis venas,
el amor que no tengo flotando en el aire,
mis ganas de decir calladas, como un grito mudo,
enfurecidas como las noches de tormenta…

Siento el desamor, tanto como mis ganas de amar.
Siento mis brazos sin abrazos y mis manos sin caricias
como garras que se entierran en las carnes…
O simplemente siento que ya pasó, que no es,
y que todas mis palabras sólo son un balbuceo inútil.

Acá te espero...













Acá te espero, entre el silencio y mis dudas;
aunque tu rostro no aparezca en esta ni otra noche
y estés lejos como la luna que se cuela un mi ventana
pero tan cerca como para poder rozarme.

Sí, acá te espero lleno de un amor que ruge tu nombre
que en la oscuridad de mi cuarto suena a letras vacías
y a símbolos sin forma y cuerpos sin carne
a olvido seco…
tu olvido…
mi olvido de mí mismo.

Recorro nuevamente tu cuerpo con mis manos
recorriéndome a mí mismo en los surcos que dejaste.
No, no te vayas… no, dame la mano recuerdo
memoria, olvido de mí mismo para vivir recordando...