De mi boca se escapan las palabras que aún no he dicho,
solas rebalsan, viajeras de un tiempo sin tiempos,
sin eje ni puntos cardinales; sin oídos que las abriguen,
sin ecos que las repitan y sin bocas que las pronuncien.
He albergado en mi alma momentos que no he vivido,
pasos que no han acompañado otros pasos,
soledades que nadie ha sabido acompañar;
y mi llanto ahogado entre los dedos del dolor.
He aprendido a estar solo con mis miedos y flaquezas
sin saber bien cómo manejarlos, o si me manejan.
He aprendido que no hay dolor más fuerte que este,
ni tristeza más grande y honda que la de ahora.
Dolor de saber que tengo tanto para dar
(y no hay manos que lo reciban).
Tristeza de saber que quiero compartir mi vida
(y sentir que ésta no vale nada).
Siento la sangre corriendo por mis venas,
el amor que no tengo flotando en el aire,
mis ganas de decir calladas, como un grito mudo,
enfurecidas como las noches de tormenta…
Siento el desamor, tanto como mis ganas de amar.
Siento mis brazos sin abrazos y mis manos sin caricias
como garras que se entierran en las carnes…
O simplemente siento que ya pasó, que no es,
y que todas mis palabras sólo son un balbuceo inútil.

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